El enemigo no fue el Ejército aliado sino el paludismo

Soldados murieron a causa de los mosquitos mientras vigilaban la costa.

Las casamatas camifladas entre pinos y maleza.
Las casamatas camifladas entre pinos y maleza.
C. S. / Huelva

04 de mayo 2009 - 05:01

Cuenta Jesús Ramírez Copeiro del Villar (escritor de Valverde del Camino) que en la madrugada del 8 de noviembre de 1942 una gran fuerza naval angloamericana desembarcó en el norte de África y que eran los convoyes de la Operación Torch, dirigida por el general Eisenhower desde el cuartel aliado en Gibraltar. El nuevo escenario de la Segunda Guerra Mundial se situaba tan próximo al territorio español que "Franco se vio obligado a decretar, el 16 de noviembre, una movilización parcial del ejército, llamando a filas a los cuatro últimos reemplazos".

De guarnición en Huelva se encontraba el Regimiento de Infantería número 72 y en previsión de un posible desembarco aliado se organizó la vigilancia y defensa del litoral onubense para lo que se construyeron búnkers en Mazagón y Punta Umbría, se emplazaron nidos de ametralladoras y de morteros entre Mazagón y Torre Arenillas, entre Punta Umbría y El Rompido, entre los altos de El Rompido y Punta del Caimán, se emplazaron baterías de artillería ligera de campaña con material antiaéreo y antitanque en Huelva, Gibraleón, Punta Umbría y Cartaya, se acondicionó la batería de costa existente en el faro de El Picacho...

En los primeros días de 1943, el segundo batallón desplegado por la costa oriental de Huelva, lo largo del playa del sector comprendido entre Torre Arenillas y el faro de El Picacho se desplegó el batallón formado por tres compañías de ametralladoras con morteros y una compañía fusilera. El tiempo pasó con el dedo en el gatillo, apuntando con su arma a un enemigo que nunca llegó a aparecer. La comida comenzó a escasear y de noche los soldados no podían dormir a causa de los mosquitos. Tenían que taparse la cabeza con una manta, sudando a chorros en verano, para no amanecer con la cara hinchada.

Por culpa de los mosquitos, el paludismo causó estragos en la tropa, siendo varios los soldados que murieron a consecuencia de esta enfermedad. Después el peligro de una invasión aliada pareció alejarse definitivamente de la costa onubense. La aventura bélica no llegó a más, aunque el enemigo real fue el paludismo. Los búnkers con muestra de aquella historia.

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