"Las alas para quien las trabaja"

Cobos Wilkins alumbra 'Donde los ángeles se suicidan', una "angeología" de poemas atravesados por el ángel como símbolo polisémico

La obra es más que una antología: brinda un sentido propio

Parte del numeroso público asistente a la presentación de 'Donde los ángeles se suicidan'.
Parte del numeroso público asistente a la presentación de 'Donde los ángeles se suicidan'. / Fotos: Josué Correa
Elena Llompart

04 de abril 2018 - 08:26

Huelva/Metamorfosea las palabras. Están en la tierra pero, con ellas, el poeta teje una crisálida de hilos de oro hasta convertirlas en mariposas. Ya vivirán para siempre. Por eso, y porque el verdadero escritor ve "algo más que un cristal y el agua contenida en el mismo" cuando convierte el vaso en poema, Juan Cobos Wilkins reivindica "las alas para quien las trabaja".

Lo hace tras asumir que "todo ángel es terrible y fieramente humano". Y tras haber descubierto (no ahora, sino cuando tenía 14 años) cuál era el ángel más hermoso de su sueño: el bello y rebelde Luzbel. El que quebró el espejo, abandonó el paraíso y cayó. Porque al igual que él, Cobos Wilkins prefiere "la libertad que nace de la duda" a "una eternidad dedicada a alabar y a servir". Tanto es así que el "no serviré" de Luzbel es, desde entonces, la pancarta que no duda en levantar y el lema que forma parte de su escudo heráldico.

Como Luzbel, su ángel preferido, el autor decide no servir y elige la libertad que nace de la duda

Así lo explicó ayer el escritor durante la presentación de su último poemario -Donde los ángeles se suicidan (Siltolá Poesía)- en la Biblioteca Provincial. Acompañado por la escritora y catedrática de Lengua y Literatura Española Carmen Ciria, el autor leyó un puñado de poemas de esta "angeología", alumbrada a raíz de la presencia constante de la figura del ángel en todas sus obras poéticas.

Este símbolo polisémico no es más que una de las tres constantes, tal y como explicó Ciria, de la triada que siempre habita en la obra del escritor de Riotinto. Así, también recorren transversalmente sus versos Peter Pan y el país de nunca de jamás (el niño que se niega a crecer) y la mantis religiosa, que "fascina y aterroriza" por igual.

Pero son los ángeles los que en este caso dan sentido a la cuidada antología temática, en la que el escritor propone una rigurosa selección de cada uno de sus poemarios -desde Espejo de príncipes rebeldes a El mundo se derrumba y tú escribes poemas- y el feliz resultado, según apuntó, es un libro diferenciado y con "sentido propio".

En su breve lectura de poemas de ayer, Juan Cobos Wilkins eligió, entre otros, al Ángel de la guarda, queen realidad "no protege de la tentación"; también desgranó los versos sensuales de Un adolescente abre la cremallera; o los impactantes de En Grand Central Station. No faltó Castillo interior, del reconocido libro Llama de Clausura; ni tampoco los Restos de belleza, cierre de Donde los ángeles se suicidan y evocación, tal y como comentó, de aquel reto personal que, siendo un niño, sentía: saltar a la piscina desde el trampolín más alto. Desde el último, el más/ alto trampolín de vértigo, miras, sin alas,/ el rectángulo líquido inmóvil:/una tumba/en el cielo abierta para ángeles./Y saltas.

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