El viñedo del Marco de Jerez apunta a un "cosechón" si las lluvias dan una tregua
Los viticultores subrayan la necesidad de que paren las precipitaciones para labrar la tierra y realizar tratamientos preventivos de hongos por el exceso de humedad
Alertan del riesgo de derrumbe de los precios de la uva tras la revalorización de los últimos años si hay una cosecha abundante y se generan excedentes
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Jerez/Nunca llueve a gusto de todos, pero para el viñedo del Marco de Jerez, las lluvias torrenciales de las últimas semanas pueden ser una bendición, además de una garantía para al menos dos campañas. “El factor lluvia es directamente proporcional a la cosecha y, cuando estamos por encima de la media de precipitaciones, habitualmente tenemos un ‘cosechón’ si el tiempo acompaña”.
José Manuel Bustillo, experimentado técnico vitícola y viticultor jerezano, cree que esta campaña se dan las condiciones para lograr rendimientos medios del viñedo como los que hace mucho tiempo no se ven en la zona, más aún después del ciclo de varias vendimias muy cortas por la sequía.
La abundancia de las precipitaciones de marzo, en el que se ha batido el récord absoluto de este mes en la campiña de Jerez, ha permitido recuperar las reservas de agua en el subsuelo a más de un metro de profundidad, de donde se nutren las raíces del cultivo de la vid durante el verano y que estaba completamente seco, salvo en las capas superficiales, tras cuatro años de lluvias contadas.
“Se ha recuperado la reserva y adiós a la sequía”, indica Bustillo, para quien ahora hace falta que deje de llover para facilitar el acceso a las viñas, impracticables por la cantidad de agua caída en las últimas semanas, y realizar la labranza de las tierras previa a la aplicación de los primeros tratamientos para la prevención de enfermedades, básicamente el mildiu.
Premio a la detección temprana del mildiu
Los viticultores tendrán que extremar este año las precauciones para evitar la aparición de este hongo, “que ni avisa ni se cura”, señala Bustillo por lo que se requieren tratamientos preventivos a base de cobre natural y fitosanitarios, que se aplican de forma continuada cada 10 o 15 días.
El mildiu es un problema muy serio, ya que puede echar a perder toda la cosecha o mermar sensiblemente su calidad. Si coge los primeros brotes, seca los racimos, “se los come” y también daña las hojas que ahora empiezan a nacer, por lo que hay que estar muy atentos, explica Bustillo.
"No es cuestión de tratar más de la cuenta, sino de hacerlo en el momento adecuado", anotan desde el Consejo Regulador de los vinos de Jerez, que precisamente ha instaurado esta campaña un premio a la detección temprana del mildiu por el que se reconocerá al primer viticultor que identifique su presencia en el viñedo inscrito en la Denominación de Origen, galardón que ya existe en otras regiones vitivinícolas como Rioja o Montilla-Moriles y con el que se pretende concienciar de la necesidad de prevenir la aparición de este hongo.
La lluvia, en líneas generales, dará una tregua esta semana según las previsiones meteorológicas que, sin embargo, anuncian más inestabilidad para la primera semana de abril. Es necesario que pare de llover dos semanas para que las tierras se aireen con ayuda de un poco de viento y poder realizar las labores tradicionales antes de tratar el viñedo, que ha entrado ya en fase de brotación, durante la que el exceso de humedad puede alterar su ciclo vegetativo.
Luis Mateos, cofundador de la empresa Vara y Pulgar dedicada al asesoramiento y la gestión del viñedo, muestra cierto recelo sobre las previsiones meteorológicas: “Es verdad que no dan agua para esta semana, pero tampoco daban tanta antes y llevamos un mes sin parar de llover”, situación que “a la larga puede ser buena, pero ahora mismo es un lío, porque la tierra está saturada y no da tiempo a que se filtre”.
En puertas del inicio del ciclo vegetativo, “el problema ahora mismo no es el riesgo de aparición de hongos, sino el suelo, que por estas fechas lo normal es que estuviera ya labrado, pero está impracticable y la humedad favorece la nascencia de hierbas en la viña, que tampoco ayuda”.
Para Mateos, la cosecha no está aún garantizada, pero “si vienen 15 días secos, hay otro golpe de lluvia de abril a mayo y el verano es suave, puede ser que este año haya un ‘cosechón’; si en años de sequía se ha sacado la cosecha adelante, este si no se tuerce puede ser muy bueno”, añade.
Reservas de agua para al menos dos campañas
En conjunto, las lluvias de este invierno han caído muy bien, salvo las últimas que han saturado la tierra. “Pero el agua ha calado, como decimos aquí, se han juntado los jugos de lo que había con lo nuevo, y eso es una garantía vegetativa para esta campaña y para la siguiente como mínimo. Suerte que tenemos la tierra albariza, que como depósito de agua es la mejor tierra que hay”, espeta este técnico vitícola.
El presidente de los viñistas independientes de Asevi-Asaja, Francisco Guerrero, coincide en que "tanta agua no es buena ahora mismo, porque el terreno está inaccesible y la viña está brotando, es tiempo de hongos, pero no se puede hacer nada, sobre todo con las variedades de uva más tempranas, como la chardonnay", empleada en la elaboración de vinos blancos tranquilos de la Tierra de Cádiz.
En cuanto a la uva palomino, la varietal reina de los vinos generosos de Jerez y la Manzanilla de Sanlúcar, tanto Francisco Guerrero como José Manuel Sánchez, presidente de la cooperativa vitivinícola Virgen de Palomares de Trebujena, enfatizan que todavía pueden ocurrir muchas cosas en el viñedo, por ejemplo un chaparrón a destiempo, una helada o que caiga pedrisco, como precisamente ocurrió en la localidad trebujenera hace dos campañas y que provocó la pérdida de un 20% de la cosecha.
Y tampoco hay que tomarse a la ligera el peligro de los hongos, el mildiu ahora y más adelante el oidio, también conocido como cenizo. “Si con menos humedad hemos tenido problemas, este año con más razón”, abunda Sánchez.
El riesgo de los excedentes y los aranceles
Aun así, en un escenario de normalidad, con los hongos bajo control y una cosecha buena, la gran preocupación de los viticultores serían los excedentes de producción y el consiguiente derrumbe de los precios de la uva y el mosto tras la revalorización experimentada en los últimos años, en los que se ha llegado a duplicar.
“La última vendimia ya bajó el precio de la uva y hay algo de excedente de la campaña pasada, por lo que si hay una cosecha buena, este año puede que haya aún más”, situación que el presidente de la sectorial de viñas de Asaja no duda que las bodegas van a tratar de aprovechar para apretar a los viticultores.
José Manuel Bustillo, por su parte, recuerda que de los apenas 0,40 euros/kilo que se pagaban hace cuatro años, en 2023 se llegó a un euro por kilo e incluso alguna bodega pagó por encima de esta cantidad.
Las cooperativas del Marco de Jerez aún tienen disponibilidad de mosto de la pasada campaña, que ofertan a entre 750 y 800 euros la bota de 500 litros, pero las bodegas han dejado de comprar, quizás como estrategia para intentar bajar más el precio, hasta los 700 euros, que para el viticultor que entrega su uva en una cooperativa supondría 0,70 u 0,80 euros/kilo, indican desde el sector productor.
Francisco Guerrero recuerda que el problema de excedentes, además, podría verse agravado en caso de cumplirse la amenaza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer aranceles del 200% a los vinos y demás bebidas alcohólicas europeas en la escalada de la guerra comercial.
El Consejo Regulador del vino de Jerez advirtió recientemente que “unos aranceles del 200% te sacan del mercado” y EE.UU. no es solo el quinto destino exterior de los jereces, con un volumen en los últimos años de más de un millón de litros, sino que es un mercado de valor, donde el precio medio viene a ser un 30% superior al de las exportaciones.
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