"¿Que si podemos ser felices siempre? Nos costará siglos: tenemos que buscar en nuestro interior, no sólo trabajar y mirar el móvil"

Thubten Wangchen | Monje budista tibetano

Llegado hace más de cuatro décadas a España, es director de la Casa del Tíbet de Barcelona y miembro del Parlamento Tibetano en El Exilio

“Si las mujeres nos uniéramos, nos comeríamos el mundo”

Wangchen en una imagen reciente. / EFE
Luis Vertedor

26 de febrero 2025 - 06:55

Málaga/Atiende Thubten Wangchen a este periódico haciendo gala de una de sus máximas: escuchar, reír, agradecer. Tres puntos básicos que muchos son incapaces de poner en raya en toda una vida. Llegado a España hace más de cuatro décadas, este lama de 70 años se convirtió en el primero nacido en el Tíbet en asentarse en nuestro país para dar a conocer sus valores. De allí emigró antes de cumplir los cinco, tras su invasión por parte de China. Sobreviviría mendigando en las calles de Katmandú, en Nepal, una vez cruzado el Himalaya. A continuación, se formaría en una escuela de refugiados en la que aprendió su propia lengua, cultura, historia, arte y filosofía budista, así como inglés e hindi. A los 16 años decidiría entrar en un monasterio. Por indicación del Dalai Lama, del que es buen conocedor, creó la Fundación Casa del Tíbet en Barcelona y desde 2011 es miembro del Parlamento Tibetano en El Exilio, del que es uno de sus dos representantes por Europa. Ahora dedica su vida a difundir el mensaje del budismo, los derechos humanos o el cuidado de la naturaleza.

Pregunta.¿Cómo acaba un monje budista tibetano en España sin ni siquiera saber el idioma?

Respuesta.(Ríe) Es fácil pensar que en una situación así cualquiera lo tendría todo perdido. Sabía inglés, entonces no tuve demasiados problemas al principio y después fui aprendiendo español poco a poco. Su Santidad el Dalai Lama me aconsejó que me quedase aquí, en Barcelona, e hiciera trabajos para promover la cultura del Tíbet y la filosofía budista.

P.Lo conoce bien. ¿En qué consisten sus enseñanzas?

R.Conviví con él 11 años en un monasterio. El Dalai Lama es una figura muy importante para los budistas, pero no sólo para nosotros, porque él actúa para que las religiones trabajen juntas por la paz. Todas llevan el mismo mensaje común: amar al prójimo, ser compasivos, no hacer daño a los demás. Él siempre habla de que todos somos hermanos. Nos dice que no debemos tener rencor ni odio; ni siquiera a los chinos. He tenido mucha suerte de vivir con él y todavía recuerdo sus mensajes.

P.¿No le cuesta viniendo de donde viene? Quiero decir, ha pasado por momentos muy complicados

R.No fueron momentos complicados si se reflexionan profundamente. Aquella etapa ya pasó. La fuerza militar china que invadió el Tíbet ya no existe, sus líderes tampoco, no se puede tener rencor. Los chinos no tienen la culpa.

P.Suele decir que siempre ha querido ser monje, ninguna otra cosa, ¿por qué? En Occidente los niños sueñan con ser futbolistas.

R.(Ríe) Es verdad. Cuando era niño, de los cuatro años y medio a los nueve, fui mendigo en Nepal e India. Hasta que el Gobierno indio y el Dalai Lama nos dieron la oportunidad de estudiar. Nos recogieron de la calle y nos llevaron a la escuela. Recuerdo que tenía profesores que nos enseñaban, aprendimos bastante, también nos pegaban mucho. El lama budista que venía a enseñar filosofía, en cambio, era muy simpático. Sonreía, nos daba consejo, comida; entonces pensaba ¡guau!, qué diferencia. Aquello me inspiró: decidí que quería ser monje y tener una vida alegre.

P.Lleva más de 40 años en España. ¿Piensa que la sociedad española ha mejorado desde entonces?

R.A nivel, digamos, exterior, sí: con la tecnología, el desarrollo…; a nivel interior, no. Es una pena: las personas no cuidan su espiritualidad. Los españoles ya no son cristianos practicantes, no cultivan su interior, no queda rastro del mensaje de la biblia, de la enseñanza de Jesucristo.

P.O sea, que el camino para los españoles es el cristianismo practicante…

R.Bueno, sí. Aunque no digo rezar, es más profundo. La palabra de Dios no es sólo para escucharla, sino para aplicarla a la vida cotidiana.

P.¿Cree que podemos llegar a vivir sin enfadarnos? ¿Y a ser felices siempre?

R.(Ríe) Es posible, pero nos costará como dos siglos más (ríe de nuevo). Muchas personas podrán enfrentar el desafío de ser más felices; eso sí, eliminar todos sus problemas es casi imposible. Tenemos que transformarnos desde dentro: si uno lo hace, entonces lo transmite a su familia, luego a los vecinos. A día de hoy, hay mucho que mejorar. Los jóvenes se pasan el día con su iPhone, en Instagram, Twitter o Facebook y ni un solo día piensan en Dios; los adultos están permanentemente ocupados, cansados de ir de un lado para otro, y no se comunican con sus seres queridos, son como máquinas. Tampoco podemos vivir enfadados, con mentiras y envidias, de malhumor. Con esto quiero decir que la vida no puede limitarse a comer, trabajar, dormir y volver a empezar. Hay que dedicar tiempo al interior. La paz no se busca fuera: tienes que conocerte a ti mismo mejor.

P.¿Con meditación?

R.Es una forma, lo que ocurre es que se ha perdido mucha tradición. Ahora la gente piensa que la meditación es budista. No, antes todas las grandes religiones como el catolicismo, el islam o el hinduismo tenían meditación, lo que pasa es que en el budismo sigue viva. La situación que te describía antes está haciendo que cada vez más personas, en general, busquen meditar porque hay más estrés, más competitividad y también menos felicidad.

P.Habla mucho de cambio climático, del daño que sufre la naturaleza por el ser humano… ¿En qué puede contribuir la filosofía budista a preservarla?

R.De múltiples formas, aunque podría resumirse en el valor de la compasión. Buda ya explicó que el respeto a la madre tierra es importante porque vivimos en ella. Tenemos que ser capaces de contaminar menos, de explotar menos recursos. El maltrato del hombre hacia la naturaleza es un hecho. En el Tíbet, China está excavando muchísimas minas: en busca de uranio, de litio, oro, contaminando ríos, sin ninguna medida. Este afán se ve en las catástrofes: inundaciones, fuegos, terremotos, cada vez más frecuentes. Puede decirse que la madre tierra no está muy contenta.

P.¿Cómo mejoramos esto?

R.Creando conciencia y consiguiendo que la gente ponga atención a lo que está haciendo, que comprenda el proceso completo.

P.Por último, ¿puede dar un consejo a los lectores para llevar a cabo día a día?

R.Vale (ríe). Como humanos, nuestro propósito vital es vivir dignamente y dejar que los otros lo hagan. Tenemos que tratar cada día de ser más amables, tener mejor corazón, no enfadarnos, ser menos agresivos y mentir menos. No es necesario ser religioso, ni budista, simplemente espirituales. La religión es importante, no una obligación. Existe libertad para seguirla o no.

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