Huelva registra más de 45 muertes por suicidio en lo que va de año

Aumenta más de un 25% respecto a 2019 el número de personas que se quitan la vida en la provincia

Piden con “urgencia” un plan nacional de la conducta suicida

Imagen de archivo de una chica con un episodio de depresión.
Imagen de archivo de una chica con un episodio de depresión. / Hunter Mcginnis

Huelva/La Covid-19 ha puesto en el foco a la otra gran pandemia, la de salud mental. No lo ha hecho, en cambio, con una de sus principales consecuencias, el suicidio, una cuestión que se encuentra entre el olvido y el tabú.

Las cifras de personas que adoptan una conducta suicida son tan escandalosas como impresionantes. El suicidio es un problema de salud pública que mata cada año a 800.000 personas en el mundo, una cada 40 segundos, con un número estimado de intentos 20 veces superior y con graves consecuencias emocionales para entre seis y 12 personas por cada fallecimiento. En España, produjo en 2020, el año con más suicidios de la historia, un total de 3941 muertes oficiales (2930 hombre y 1011 mujeres), según el último informe del Instituto Nacional de Estadística (INE).

En Huelva cada mes fallece una media de cuatro o cinco personas por una conducta suicida. Así lo asegura el psiquiatra del hospital Juan Ramón Jiménez, Álvaro Moleón (nominado recientemente por Doctoralia como uno de los psiquiatras más valorados a nivel nacional por la valoración de los pacientes), quien señala a esta redacción que en lo que va de año se han registrado más de 45 muertes por suicidio en el conjunto de la provincia onubense. Esta cifra supone "el doble de las defunciones producidas como consecuencia de accidentes de tráfico".

Si se analiza este dato en perspectiva, la cifra refleja que la incidencia de conductas suicidas ha aumentado considerablemente en Huelva en los dos últimos años, pues, tal y como expone Moleón, en 2019 en la provincia hubo 6.84/100.000 habitantes suicidios, lo que se traduce en 36 suicidios en el año, una cifra considerablemente inferior a la de 2021, año que aún no ha concluido.

El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España, además de ser la primera causa de muerte en los jóvenes de entre 15 y 29 años, por delante de los siniestros en las carreteras y el cáncer. Esta pandemia, cuyo avance es cuanto menos silencioso, se cobra diez vidas al día en el país.

Un hombre con un cuadro depresivo mira a través de la ventana.
Un hombre con un cuadro depresivo mira a través de la ventana. / Hunter McGinnis

En Huelva la situación no dista del resto de España, dado que a diario la Federación de Familiares y Personas con Enfermedad Mental en Huelva (Feafes) recibe una llamada en la que se alerta sobre un intento de suicidio, tal y como reconocía a este periódico su presidenta, María Domínguez, quien insiste en que "es un hecho del que no se sabe nada, siendo vital que se ponga en conocimiento de la sociedad para visibilizar la conducta suicida".

Sucede lo mismo en el área de Urgencias del hospital Juan Ramón Jiménez, donde el psiquiatra Álvaro Moleón presencia intentos de suicidio diarios, "a veces incluso más de uno".

En lo que se refiere a la conducta suicida, existen una serie de mitos e ideas erróneas que pueden entorpecer la prevención de los suicidios. En este sentido, un documento elaborado por Feafes España recoge algunos de estos mitos con los enfoques que los perpetúan y cuál es la realidad de las citadas situaciones.

Entre los mismos, figura aquel que expresa que "quien se quiere matar no lo dice", lo cual conduce a no prestar atención a las personas que manifiestan ideas suicidas. Sin embargo, la realidad es que "nueve de cada diez personas que se suicidan dijeron claramente sus propósitos, mientras que la otra dejó entrever sus intenciones de acabar con su vida", según remarcan desde la asociación de salud mental en dicho documento.

Mujer meditabunda.
Mujer meditabunda. / Victoriano Moreno

Del mismo modo, aparecen las ideas erróneas de "el que lo dice no lo hace" y "una persona que se va a suicidar no emite síntomas de ello". En contraposición, Feafes asegura que "todo el que se suicida expresa previamente con palabras, amenazas, gestos o cambios de conducta sus intenciones", al tiempo que añade que tales ideas repercuten en minimizar las amenazas y en ignorar los signos de alerta previos.

Otro de los mitos viene dado por el pensamiento de que el suicidio se produce por impulsos y que, por consiguiente, no hay lugar para la prevención, una idea que contrasta con el definido como Síndrome Presuicidal, consistente en el retraimiento de los sentimientos y el intelecto, inhibición de la agresividad,

la cual ya no es dirigida hacia otras personas sino hacia sí, y la existencia de fantasías suicidas. Si todo ello se conoce a su tiempo "se evitaría un fatal desenlace", según apuntan desde Feafes.

Una idea errónea es también la referida a que "al hablar del suicidio con una persona que está en riesgo, se le puede incitar a ello". Además de infundir "temor" de cara al abordaje del tema, según Feafes está demostrado que "hablar de la conducta suicida con alguien que piensa en ello reduce el peligro de cometer el suicidio, además de ser la única posibilidad de análisis de la situación".

A ellos se suma el mito de que el suicida desea morir y que, por ende, está justificado y tarde o temprano lo terminará haciéndolo. Esto es falso también, pues desde la asociación de salud mental aseguran que el "deseo no es morir, sino poner fin a su dolor, el cual les parece insoportable e interminable".

Por último, también se encuentran las ideas erróneas de que el suicida es un cobarde o, en su defecto, un valiente, en tanto que se está equiparando la conducta suicida con una cualidad de la persona. Así, Feafes expresa que "los que intentan el suicidio no son valientes ni cobardes, sino personas que sufren. La valentía y la cobardía son atributos de la personalidad que no pueden cuantificarse según el número de intentos de quitarse la vida.

Una persona piensa sentada en un banco.
Una persona piensa sentada en un banco. / H. Información

El colectivo más afectado por la conducta suicida es el de los jóvenes de entre 15 y 29 años, tal y como ya explicó a este diario Moleón, quien atribuye este hecho al componente educacional, "en tanto que los adolescentes son cada vez menos tolerantes a las frustraciones por la educación recibida en casa"; y a la pandemia, un escenario que ha dificultado las relaciones sociales en este colectivo.

La Covid-19 no solo afecta a los más jóvenes, sino que también ha repercutido en los adultos en términos de salud mental, sobre todo, en aquellos con trastornos obsesivos o hipocondríacos, "en los que ha aumentado la ansiedad". A su vez, las continuas modificaciones en las restricciones han trastocado la rutina de este colectivo, quienes "han visto alterados sus planes".

La conducta suicida viene dada en un 80% de los casos por trastornos relacionados con la salud mental, véase la depresión, los trastornos límites de la personalidad, la bipolaridad o la esquizofrenia. Igualmente, tal y como explicaba Moleón, son varios los signos de alarma que hay que tener en cuenta, como la realización de una carta de despedida, regalos sentimentales en fechas no señaladas, precedentes familiares o algún intento previo de suicidio, además de las ya mencionadas enfermedades mentales.

De otro lado, según el psiquiatra del hospital Juan Ramón Jiménez, los colectivos que más riesgo tienen de adoptar una conducta suicida son los sanitarios, que pueden hacer más fácilmente a armas letales, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, los migrantes, la población reclusa y los varones viudos. Además, destaca que las mujeres "intentan suicidarse más veces que los hombres, pero estos intentos son menos letales que los de los varones, quienes tienen en el ahorcamiento y en la precipitación las fórmulas más habituales". Las mujeres, por su parte, suelen recurrir a la ingesta de pastillas.

En este punto, entre los factores de protección ante la muerte por suicidio figuran el disponer de una atención sanitaria especializada al alcance, el tener vínculos familiares afectivos y evitar la consumición de sustancias tóxicas.

Tal es el impacto de la conducta suicida en la actualidad, que el psiquiatra Álvaro Moléon llama a la imperiosa necesidad de crear un plan nacional del suicidio, una cuestión en la que, por el momento, España suspende. Es importante, por tanto, un abordaje global de esta cuestión, siempre con un lenguaje pulcro, objetivo y riguroso, así como "la dotación de más recursos para la sanidad pública, la apuesta por herramientas y terapias innovadoras, terapias públicas de grupo, acceso inmediato a personal sanitario especializado, la formación de médicos de familia sobre la detección de signos de alarma de la conducta suicida o nuevas herramientas farmacológicas".

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