Sin importancia: De aquí y de allá

Crónicas de otra Huelva

Ponce sentía cierta obsesión por el cumplimiento del deber de cada cual, y alertaba de la sensación de pérdida de dignidad profesional, social y cívica, procedentes de la otra sensación de personal dignidad

Crónicas de otra Huelva: El resurgir de la Sierra onubense

Bar Astoria en la esquina con la calle Bocas.
Bar Astoria en la esquina con la calle Bocas.
José Ponce Bernal / Felicidad Mendoza Ponce

29 de noviembre 2023 - 19:51

La introducción

La obsesión del periodista | La satisfacción del deber cumplido

La actualidad política y social de España nos lleva a seleccionar para este lunes un artículo de Ponce Bernal que habla de la necesidad de que cada cual cumpla con su deber en todos los ámbitos de la vida, tanto en la privada como en la profesional y en la pública. Blanqui-Azul tenía cierta obsesión con el cumplimiento del deber. Para él era la “base primordial de los mayores y más legítimos triunfos”. Constantemente leemos en sus artículos alusiones a ello y afirmaba con frecuencia sentirse con el deber cumplido cuando tocaba un tema que requería responsabilidad, implicación, acción. Cuando algo se torcía en su entorno aludía al incumplimiento del deber como causa primordial del fracaso. Por eso, entonces como ahora es imprescindible que todos los españoles nos empeñemos en hacer nuestro individual esfuerzo para lograr el bien común, tan necesario para la paz. La frase de apertura que elegimos para nuestra tesis doctoral y la publicación posterior refleja ese sentimiento puro de quien se siente bien consigo mismo y con sus actos y acciones: “La tragedia del periodista es dejar en cada cuartilla algo de su propia vida, esa que no aroman otras flores que las de la satisfacción del deber cumplido”.

EL azar trajo ayer a mis manos una revista francesa de literatura y en ella leímos que los hermanos Álvarez Quintero desean para España “lo que siempre y hasta ahora inútilmente hemos deseado: que todo el mundo cumpla desinteresadamente con su deber; que las pequeñas pasiones se ahoguen en la gran pasión de la Patria y que la paz de la conciencia de cada uno sea fuente y base de la paz española”.

En efecto: la paz nacional y la paz individual que la engendran fluyen automáticamente del cumplimiento del deber... Cumplir el deber, todo el deber; en cada estado y profesión y circunstancia. Todos, absolutamente todos. El deber familiar, el social, el político. Todos los deberes. Acontece que muchos no cumplen su deber por contagio del incumplimiento ajeno. Así, cuando yo cumplo con mi deber no solo hago obra patriótica y de persona de provecho, sino obra de ejemplaridad. Donde todo el mundo trabaja, el vago desentona. Donde la mayor parte vaguea el laborioso se desmoraliza. Y lo que ocurre con este ejemplo de trabajo, acontece con todo lo demás.

Cumplir el deber, todo él. No hay otro camino. Que cada cual en su puesto, en cada ocasión realice su obra. Y la realice bien. No basta al estudiante ir a clase; además debe estudiar y hacerlo a fondo. No basta llegar puntualmente a la oficina si luego las horas pasan en un “hacer que hacemos”. No basta tener un concepto teórico de la ciudadanía y de la ética política si todo queda en teoría.

Parece haberse perdido la sensación de dignidad profesional, social, cívica. Las tres proceden de la otra sensación de personal dignidad. La propia justa estima, la conciencia clara de responsabilidad en cada acto de la existencia –la existencia individual, la colectiva– son necesarias a todo trance. Por muy dirigido, por muy instrumento que uno sea, el hombre no puede ser inerte. Si se deja de serlo ¿con qué derecho se quejará después de su desastre personal y de los desastres sociales?...

Extracto del Diario de Huelva del 25 de febrero de 1931, con el artículo de Ponce Bernal aquí reproducido.
Extracto del Diario de Huelva del 25 de febrero de 1931, con el artículo de Ponce Bernal aquí reproducido.

Y el deber –desinteresado– en cuanto el deber es colectivo; del interés de la Patria no puede hablarse con esperanzas de logro si cada ciudadano superpone el provecho propio al interés general; el deber social es colaboración. ¿Cumple usted con su deber? ¿Está usted seguro de que lo que hace es todo lo que debe hacer?... Sí; hay un minuendo de personales flaquezas en la gran suma de solidaridad nacional. No se trata de eso: ese minuendo es de todos. Pero hay ese sumando, el mayor posible, que, como dicen los Quintero, es cero en la mayoría de los españoles. Grandes minuendos y sumandos nulos. ¿Qué ha de resultar para España?...

Blanqui-Azul. Diario de Huelva, 25 de febrero de 1931.

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