En campaña electoral, cada cosa a su tiempo

'War room'

En la política, donde la improvisación es el principal enemigo, también resulta clave el uso de los tiempos.

Los partidos ya entienden que las campañas deben ser permanentes

En campaña electoral, cada cosa a su tiempo
En campaña electoral, cada cosa a su tiempo
Charo Toscano

10 de marzo 2019 - 05:01

Huelva/Timing es un anglicismo que significa administración del tiempo. Está presente en disciplinas como el teatro, el cine o la literatura, donde el ritmo y la velocidad causan un efecto preciso, buscado por sus autores. En otras actividades humanas, ese manejo del tiempo es básico cuando elementos como la anticipación o la disposición son esenciales para el éxito. Entramos de lleno en el terreno de la estrategia, y no existe estrategia bien diseñada si no tiene en cuenta el manejo de los tiempos.

En la política, donde la improvisación es el principal enemigo, también resulta clave el uso de los tiempos, máxime cuando los estrategas se enfrentan a la no fácil tarea de diseñar una campaña electoral.

Pensar que las campañas electorales se desarrollan varias semanas antes de las votaciones es un concepto hoy superado, y los partidos ya entienden que las campañas tienen que ser permanentes, y aunque con distinta intensidad según el momento, siempre deben mantenerse activas.

En ese contexto de campaña permanente se desarrolla la planificación estratégica, teniendo en cuenta que las campañas tienen distintas fases, cada una con su propia lógica y con el tiempo como variable esencial.

El consultor Luis Costa Bonino cree que no conocer la lógica de los tiempos de una campaña política es como arriesgarse a una transfusión sin saber los tipos de sangre. Podremos con muchísima suerte acertar pero en la enorme mayoría de las veces el resultado será catastrófico.

Cada tipo de elector toma su decisión del voto en un momento distinto de la campaña. Mientras que los electores más informados e interesados en la política se deciden en una etapa muy temprana, los desinteresados, si acaso llegan a votar, tomarán su decisión sólo días antes.

Estos diferentes grupos objetivos que habitan en cada fase tienen que ser activados por los partidos políticos, que han de llegar a ellos de manera diferente, con mensajes y soportes adaptados a sus intereses.

A los interesados se les convence con argumentos ideológicos y propuestas programáticas transmitidos a través de los programas informativos de los medios de comunicación tradicionales. Este tipo de comunicación tendrá lugar al inicio de la campaña electoral.

Cantar y bailar

En los compases finales ya no hay argumentos que valgan; ha llegado el momento de dirigirse a los indiferentes. Para conectar con estas personas poco informadas y con enormes dosis de desinterés, la comunicación tendrá contenidos no políticos, poco racionales, emotivos, humorísticos y que transmitan sensación de poder. Estas personas deciden influenciadas por la simpatía hacia un candidato, por imágenes y emociones. Los formatos televisivos no periodísticos son el medio ideal para persuadirlas. Este es el momento en el que los candidatos acuden a la televisión a cantar, bailar, hablar de su vida o mostrar sus habilidades en la cocina.

Muchos estudios dividen las campañas en cuatro grandes fases: los primeros cien días al llegar al poder, un periodo de tres años, una precampaña de 6 u 8 meses y finalmente los 15 días de campaña electoral. Sin ser unos tiempos exactos, sí son una aproximación que ayuda a marcar los tiempos para colocar y relanzar mensajes y para manejar la agenda pública. Si esto se consigue, la campaña se pondrá muy a favor del candidato.

El consultor Daniel Eskivel divide las campañas en tres partes, en cada una de las cuales con su desarrollo estratégico y su duración específica.

La apertura es el momento de presentar la candidatura, ocupar los lugares importantes, fortalecerse, desarrollar algún tema y preparar los próximos pasos.

El medio juego, también llamado ‘tiroteo’, es el tiempo para el ataque y la defensa. El candidato debe moverse en relación a los otros protagonistas, atacando a veces para desplazar al adversario, o defendiéndose para evitar ser desplazado. Se trata de la etapa más conflictiva y más intensa, es el lugar que la estrategia le reserva al gran despliegue táctico.

Por último, la etapa final es el momento del cierre, de cosechar todo lo que se ha ido sembrando el resto del tiempo. Es cuando hay que cerrar la venta (el voto).

Para que los tiempos políticos estén en sintonía con el modus operandi del cerebro de los votantes, Eskivel considera que hay destinar el 37 por ciento del tiempo a la fase de apertura. Para la etapa de cierre se aplica el Principio de Pareto o regla del 80-20 según la cual el 20 por ciento del tiempo produce el 80 por ciento de los resultados. Y al medio juego hay que destinar el tiempo restante, el 53 por ciento.

Lanzamiento del candidato

Uno de los aspectos más importantes en una campaña electoral es el lanzamiento del candidato, y dar en la clave con el momento adecuado asegura parte del éxito electoral. Un anuncio precipitado del candidato puede tener consecuencias letales, ya que los adversarios disponen de mayor tiempo para derribarlo. El momento exacto no existe, pero hay que diferenciar entre preparar una candidatura, que debe ser cuanto antes, y hacerla pública. El candidato debe desvelarse cuando a la sociedad le llegue del momento de hablar de eso.

Una campaña iniciada con mucha antelación puede acabar con los recursos y las fuerzas que luego se van a necesitar. El experto Xavier Domínguez cree que las campañas son procesos de resistencia y, por tanto, no se puede pretender explicarlo todo en un día. Desde esta óptica, habría que reservarse para el final, teniendo en cuenta que en una campaña no se debe pecar ni por exceso ni por defecto. La clave está en encontrar su justa medida, que en cada caso depende de la situación y del candidato. Domínguez sentencia: “salir antes de hora, te agota; salir tarde, te derrota”.

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