Una "capita" de reivindicación

manifestación del 3-D | la ciudadanía exige la recuperación de la marisma

Tibia respuesta de la ciudadanía, que no está a la altura de los 70 colectivos y partidos convocantes

1. Varios de los manifestantes hacen una representación a las puertas del Ayuntamiento de Huelva reclamando que "otra Huelva es posible".  2. Escenificación del entierro de las marismas del Tinto durante un instante de la manifestación. 3. Los integrantes del colectivo vecinal Alfonsada, fundada en honor al activista Alfonso Martín, fallecido en 2013, reclaman la retirada de las balsas de fosfoyeso ataviados con unos singulares trajes anti-radiación que causaron sensación.
1. Varios de los manifestantes hacen una representación a las puertas del Ayuntamiento de Huelva reclamando que "otra Huelva es posible". 2. Escenificación del entierro de las marismas del Tinto durante un instante de la manifestación. 3. Los integrantes del colectivo vecinal Alfonsada, fundada en honor al activista Alfonso Martín, fallecido en 2013, reclaman la retirada de las balsas de fosfoyeso ataviados con unos singulares trajes anti-radiación que causaron sensación.
José Antonio Cárdeno Huelva

04 de diciembre 2015 - 01:00

Huelva volvió a decir no, pero no con el vigor y la unanimidad que requería una manifestación que tal vez pagó su precipitación. Porque, aun multitudinaria por los miles de onubenses que acudieron, no pasó desapercibida entre los manifestantes más beligerantes la desidia de los que se echaron en falta, también vecinos de una ciudad que ayer se retrató.

18:50. Languidece la luz de una inopinada tarde primaveral vestida de azul otoño cuando cientos de onubenses armados con la voz en alto enfilan las calles que desembocan en los aledaños del viejo estadio Colombino para protagonizar la enésima jornada de protesta y rebelión contra las balsas de fosfoyeso.

La masa no tiene una identidad definida. Se solapan los adultos con los niños, las personas con sus animales de compañía, los políticos con los vecinos, los residentes de un barrio con los de otro, los choqueros con los foráneos, la burla y la ironía con la solemnidad y la reflexión. Todos tan diferentes en apariencia, pero cómplices por una misma y firme convicción: Huelva dice no.

En la cola de la manifestación, aún ataviándose con sus divertidos trajes anti-radiación, miembros del colectivo vecinal Alfonsada, en honor al activista Alfonso Martín, fallecido en 2013, alentaban a los participantes con soflamas preñadas de indignación. "¡Fuera! No queremos las balsas. Es cuestión de voluntad política, pero claro que hay otra alternativa al proyecto de restauración de Fertiberia, por ejemplo, una planta de inertización", reconocen reclamando más participación: "A quien no le preocupa esto es que o es muy ignorante o le da todo igual; hay quien piensa que nos ha tocado una desgracia que hay que asumir pero debemos luchar contra la resignación. Decimos no".

La marea antitóxica se vierte sobre el corazón de Huelva cuando se hace el silencio. Varios manifestantes representan el entierro de las marismas del Tinto, donde yacen los vertidos depositados por Fertiberia sobre una superficie de 1.200 hectáreas, mientras la muerte deambula acechante y un transeúnte, provisto de maletines rebosantes de billetes de papel, acapara las carcajadas al grito de "Corruptos, venid a mí".

"Esto es una barbaridad consentida durante años, un ecocidio sin precedentes en Europa para el que reclamamos que se haga justicia", denuncia, maletines en mano, Aurelio González, al tiempo que receta como solución "una planta de inertización". "Queremos una retirada sin condiciones. Huelva ya ha dicho que no quiere las balsas. Que se inerticen los residuos y que luego Fertiberia haga con ellos lo que le de la gana", disparó.

Huelva se pronunció, pero no con la fuerza que esperaban los más críticos con la tibia participación. "Esperaba más gente. Las balsas son anacrónicas. Que estén a menos de 100 metros de la ciudad es algo que no se da en Europa", masculla Jesús Caramés, vecino de Huelva, a la que reprochó "su pasividad" y la "falsa creencia de que la industria sigue soportando la economía" como los lastres que depuran una restauración "cuyo único problema es meramente económico".

La manifestación devora la Gran Vía y alcanza la plaza de la Constitución, donde a las puertas del Ayuntamiento, al paso de la pancarta encabezada por los grupos políticos, varios participantes reclaman "otra Huelva es posible" instándolos a poner solución.

"Debe ser una comisión de expertos la que elabore el proyecto de restauración porque Fertiberia, como empresa, sólo piensa en gastar lo menos posible. No creo que esto pase aquí por ser Huelva pero no sé si es peligroso que se cubran los fosfoyesos con sólo una capita de tierra", denuncia María Jesús Fernández, molesta con la apatía de un pueblo en el "que tal vez ha hecho mella la resignación".

La protesta inunda la Plaza de Las Monjas, donde la lectura de sendos manifiestos enervan la masa reivindicando la preeminencia del color azul y blanco y de la identidad sobre el gris de la polución.

Huelva se despide por palmas, gritando, denunciando, reivindicando y rebelándose contra Fertiberia, pero aportando sólo "una capita" de ciudadanía comprometida que debe invitar a la reflexión.

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