El dilema de la oposición: criticar o proponer

'War room'

Un elemento crucial en el trabajo de la oposición es la elección de los temas que van a definir la política del partido durante ese periodo y que son necesarios para la imagen del candidato

El dilema de la oposición: criticar o proponer
El dilema de la oposición: criticar o proponer
Charo Toscano

30 de junio 2019 - 08:30

Huelva/Las elecciones no siempre las gana el mejor candidato, ni tampoco un gobierno exitoso es garantía de continuidad. Las campañas electorales sí son importantes, contrariamente a lo que muchos opinan, y puede darse la circunstancia de haber gobernado bien y perder, o haber sido un gobierno cuestionado y terminar afianzándose en las urnas. Las campañas hoy son permanentes, y un trabajo desde la oposición bien planteado ofrece a ese candidato muchas posibilidades de ser la opción que elijan aquellos electores que desaprueban la gestión del gobierno que, por su puesto, siempre los hay.

El modelo clásico de lo que entendemos por político en la oposición en el ámbito local responde, más o menos, a la siguiente descripción. Se trata de un concejal que el día de la toma de posesión vota en contra o se abstiene en la investidura del alcalde; normalmente rechaza los grandes cambios que se impulsan desde el gobierno municipal, no suele apoyar los presupuestos municipales y ejerce un agrio control contra el partido en el poder, con un espíritu opositor más que colaborador. En esta línea estratégica muchos partidos en la oposición plantean su papel de alternativa al Gobierno, creyendo que es el camino más acertado.

Sin entrar a analizar si se trata de una estrategia acertada o no, lo que está claro es que, ni es el único margen de maniobra que le queda a la oposición, y que antes de decidir cómo actuar, es necesario hacer un análisis de la situación de la que se parte. Porque, también para la oposición, la estrategia de campaña debe plantearse en función de los números y del grado de aceptación que presente el bando contrario.

Si el gobierno está débil, muestras señales de agotamiento y los número son endebles, está claro que el mensaje que debe instalar es el del cambio. Pero la cosa cambia radicalmente cuando el alcalde está bien valorado y la tasa de aprobación por parte de los ciudadanos es alta. Es entonces cuando hay que plantear un eje de campaña diferente porque, de lo contrario, el candidato de la oposición se estaría enfrentando no sólo al alcalde, sino a un sector de la población que mayoritariamente lo apoya.

Hecho el análisis, ahora falta lo difícil: dar con esa tecla que permite ir ganándose la confianza y la simpatía de los vecinos, y esa es una dura prueba que no se logra con un programa electoral a unos meses de las elecciones, por muy buenas que sean las propuestas.

Seleccionar buenos temas

Un elemento crucial en el trabajo de la oposición es la elección de los temas que van a definir la política del partido durante ese periodo y que son necesarios para asociar la imagen del candidato o del grupo político a esos asuntos que son de interés para los ciudadanos. Se trata de elegir tan bien esos temas que cuando las personas piensen o vean al candidato, de manera inmediata se les venga a la cabeza.

Un tema es un conjunto de problemas vinculados por un hilo conductor. A la hora de elegir un tema, se puede optar por aquellos que son de gran amplitud o por los llamados temas posicionales.

Los mensajes de gran amplitud tienen la ventaja de llegar a un público de amplio espectro y están orientados a crear una imagen favorable del candidato. Son temas con los que todo el mundo está de acuerdo, no polarizan y siempre aparecen en las primeras preocupaciones en los sondeos: limpieza, seguridad, empleo, infraestructuras, corrupción, estabilidad política…. Estos temas no dividen a la población pero son más débiles que los temas posicionales, es decir, aquellos que se sitúan en el ámbito de las disputas ideológica de los partidos, crean polémica y en ocasiones polariza, pero indiscutiblemente afianzan a una parte del electorado. La cobertura o no de la sanidad pública, el carácter público o privado de la enseñanza o la despenalización del aborto son temas de esta naturaleza.

Los partidos que están en la oposición deben escoger entre un tipo de tema u otro, aunque en líneas generales tienen razones para utilizar aquellos más ideológicos. Incluso en muchas ocasiones se da la circunstancia de que algunos candidatos tienden a apoderarse de los temas posicionales de los adversarios.

En cualquier caso, antes de decidirse por un tema, se debe tener claro que no esté dominado por otros partidos y que el candidato se maneje con comodidad, es decir, sepa de lo que está hablando y pueda proponer iniciativas novedosas y con fundamento. Lo más importante es que el tema en cuestión sea visto como una preocupación por parte de los electores porque, de lo contrario, estaría desarrollándose una política de oposición sin interés para los ciudadanos con desastrosos resultados.

Para no errar en la selección de temas es imprescindible conocer al público al que el partido quiere dirigirse durante estos años de oposición y ofrecerle unas propuestas que satisfagan sus intereses. Es importante no volverse loco con la selección de temas. Basta con cuatro o cinco, las cuatro o cinco poderosas razones con la que queremos convencer a los ciudadanos.

La resistencia al cambio

Los temas son un instrumento imprescindible para luchar contra uno de los principales enemigos de los políticos en la oposición: la resistencia al cambio. En todas las elecciones los votantes tienen que decidir entre la continuidad del gobierno o su cambio por otro partido. Sustituir al partido que está en el gobierno no es tarea fácil porque lo conocido proporciona seguridad y el miedo a lo nuevo lleva a muchos electores a no arriesgar con su voto. Una oposición efectiva, por tanto, será aquella que con su estrategia y sus mensajes sea capaz de neutralizar la sensación de miedo y proporcionar soluciones concretas, prácticas y viables a los problemas de la sociedad.

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