Juan Mairena en la inaguración oficial del curso escolar en el colegio mayor San Pablo de Huelva.
Juan Mairena en la inaguración oficial del curso escolar en el colegio mayor San Pablo de Huelva. / Josué Correa

El retorno de don Juan Mairena Valdayo a la Casa del Padre nos invita a una oración por el sacerdote y el amigo, a la vez que nos permite abrir de nuevo la ventana a la que tantas veces se asomaba; nosotros lo hacemos ahora con él, para que entre el aire fresco y podamos contemplar ese horizonte al que miraba, en el que están tantas cosas que quedan siempre para hacer por Huelva.

Es inevitable que se nos vengan los últimos grandes momentos como fue la visita apostólica de San Juan Pablo II a Huelva donde tanto aportó en su gestión. No voy a decir que fue el sacerdote que trajo a un Papa a Huelva, pues ya en 2018 cuando tuve esa afirmación el mismo don Juan me llamó porque entendía que aquello resultó un éxito de muchos, aunque todos sabíamos que fue el alma mater de los Congresos Internacionales Mariano y Mariológico Internacionales, que llevó consigo las coronaciones canónicas de las vírgenes de Montemayor, la Bella, las Angustias, la Cinta y de los Milagros. Lo más destacado la visita de un Papa santo a Huelva, los Lugares Colombinos y El Rocío.

En verdad sabemos que estos grandes proyectos necesitan de un motor y ese fue Juan Mairena Valdayo; supo insuflar a Huelva grandes dosis de autoestima a toda su provincia. Que éramos capaces de hacer grandes cosas, de reivindicar nuestra historia, la Colombina, la del encuentro entre dos mundos, para proyectarla al futuro ese en el que Huelva tiene que volver a ser protagonista.

Su intensa trayectoria se puede ver en el obituario publicado por el Obispado de Huelva, donde no debe pasar desapercibida su presencia en el Concilio Vaticano II. Allí, en su secretaría, don Juan aprendió mucho y encontró a miembros de la Iglesia que luego serían claves en sus acciones pastorales, como en la preparación de la visita de San Juan Pablo.

Todos sabíamos de su tenacidad, convencimiento en los proyectos y, lo más importante, el saber compartir ideas para hacerlas realidad entre todos.

No solo portador de grandes ideas, sino que era de los que incansablemente trabajaban por hacerlas realidad, sin desfallecer. Hoy hacen faltan en Huelva, en su Iglesia y en la sociedad, muchos Juan Mairena Valdayo. Promotor de iniciativas que fueron construyendo la Diócesis pero que a la vez articulaba a la sociedad onubense.

Dedicó gran parte de su labor a la atención a los jóvenes y su promoción educativa en el Colegio San Pablo, siempre unido a sus enseñanzas.

No muy dado a los elogios, mejor guardar las vanidades en un cajón, para no despistarse de la tarea que siempre una persona tiene por delante.

No voy a descubrir ahora en Huelva a don Juan, simplemente he querido compartir no recuerdos, porque todos tendremos muchos con él, sino poner de relieve lo actual, la necesidad de encontrar personas que con su empuje y ganas de trabajar no solo mantengan a flote esta carabela que es Huelva sino que siempre esté navegando con el rumbo marcado hacia el éxito.

Descanse en paz.

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