La Llave de Oro por una Copa

Historias del fandango

Centeno ganó la segunda Copa Pavón, pero las discrepancias con el fallo acabaron otorgando a Vallejo la segunda Llave de Oro del Cante, en 1926

La Copa Pavón que ganó Vallejo

1. Heraldo de Madrid, 28 septiembre 1926.
3. Entrega de la segunda Llave de Oro del cante flamenco a Manuel Vallejo de manos de Manuel Torre.
Miguel Á. Fernández Borrero

28 de febrero 2025 - 03:30

Huelva/EN septiembre de 1926 se celebró la segunda edición del concurso de la Copa Pavón. Dado el éxito de la primera, a la convocatoria se presentaron numerosos cantaores profesionales que hubieron de competir en pruebas eliminatorias, una de mujeres entre las siete preseleccionadas y otra de hombres para elegir entre los catorce aspirantes, antes de pasar a la final.

En ambos grupos había nombres muy conocidos y con prestigio. Así que el certamen fue “el mayor acontecimiento flamenco de la temporada. Jamás se habrá visto un conjunto de cantadores como el inscrito para disputarse la copa Pavón 1926”, afirmaba el diario La Voz urgiendo a los aficionados a que compraran sus entradas con rapidez, “pues es de suponer que se agoten las localidades muy en breve”.

El teatro celebraba sesiones de tarde y noche en el proceso eliminatorio; estuvo lleno en la final y la expectación fue enorme, “lo que hizo tomar a las autoridades ciertas precauciones para mantener el orden”, según el Heraldo de Madrid. Además de los que compitieron por la final, por el escenario pasaron nombres como Rosario la Cordobesa, Villarrubia, el Niño de Valdepeñas, El Chata… Tras la selección clasificatoria, quedaron para competir en la final La Trianita, La Ciega de Jerez e Isabel Garrido; y Manuel Centeno, Angelillo, Manuel Vallejo (ganador de la primera edición) y Manuel Torre.

EL JURADO

Como en la primera edición, el jurado estuvo formado por nombres reconocidos en sus respectivas artes: la bailaora Pastora Imperio, su hermano el guitarrista Víctor Rojas, el dramaturgo y poeta Antonio Casero y el poeta sevillano Juan González Olmedilla, entre otros. La deliberación fue larga porque resultaba complicado establecer un criterio de objetividad. Finalmente, su decisión fue premiar a quien mejor cantara la noche de la final, dejando al margen la valoración flamenca de los artistas y la popularidad que tuvieran: solo se consideró el valor de la actuación presente. Pero, por contraste con la edición del año anterior, esta vez su veredicto no concitó la adhesión unánime del público, sino todo lo contrario. La pasión dominó el ambiente, “muy caldeado y dividido en favor de los tres o cuatro ídolos entre los que estaba realmente entablada la lucha”. Los madrileños tenían como favorito al joven Angelillo y se rebelaron airadamente contra el fallo, parte del público consideró que el mejor era Manuel Torre, o que se merecía la copa otra vez Manuel Vallejo…

¿POR QUÉ GANÓ CENTENO?

Porque fue el que mejor cantó aquella noche [1]. Además, ni actuó de manera convincente Manuel Vallejo ni Manuel Torre llegó con su cante a los aficionados, según las crónicas del acto; sí lo hizo Centeno, que cantó también su palo que más se le demandaba, la saeta.

1. Heraldo de Madrid, 28 septiembre 1926.
1. Heraldo de Madrid, 28 septiembre 1926.

Y quien vino a aportar objetividad a lo que ocurrió aquella noche fue el joven concursante Angelillo, que envió una carta pública a la prensa explicando por qué no se sentía ganador. Reconocía que él llevaba solo veinte meses cantando en público, y que a pesar de sus esfuerzos no sabía cantar bien. “Soy muy aficionado, pero cantar flamenco es muy difícil… Si cuando un buen cantaor termina una seguirilla que acaba de cantar bien le pidierais que la repitiera, no podría, no sabría hacerla igual, porque es genuino, es del momento, y por eso hay que aplaudirlo, porque no hay quien lo iguale, ni su autor”. ¡Qué certera definición del cante flamenco, expresada por un chaval de diecisiete años! Y terminaba su carta Ángel Sampedro, Angelillo, agradeciendo al público su noble sentir [2].

2. La Voz, 29 septiembre 1926.
2. La Voz, 29 septiembre 1926.

¿QUÉ OCURRIÓ DESPUÉS?

Sucedió que el desacuerdo que generó la segunda Copa Pavón acabó provocando la segunda Llave de Oro del cante para Vallejo... y, de paso, el final de estos concursos en el coliseo de Embajadores. Aquello fue una componenda, si bien con cierta base que justificaba el otorgamiento a los méritos de Vallejo. Componenda como otras tantas en las que estuvo involucrado don Antonio Chacón, muñidor de arreglos en las discordias flamencas por el respeto y la gran autoridad que se le reconocía al maestro.

Varios artistas que consideraron ganador moral a Vallejo, junto con la empresa del teatro, quisieron desagraviarle y le proclamaron ganador de la segunda Llave de Oro del cante. Se la entregó Manuel Torre en un acto en el que arroparon al sevillano grandes artistas del momento, como Cepero, Escacena, Angelillo o El Chata. Este galardón, que por entonces no tenía la significación que tomaría después, permanecía intocado desde que en 1868, también con otro montaje peculiar, le fue entregada la primera Llave a Tomás el Nitri en Málaga, según la versión más consistente [3].

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