Espectacular inicio de Raíces Málaga en Antequera

Cuarteto Quiroga | Crítica

El Cuarteto Quiroga en el Monasterio de San Zoilo de Antequera
El Cuarteto Quiroga en el Monasterio de San Zoilo de Antequera / Micaela Galván
Pablo J. Vayón

27 de febrero 2025 - 21:27

La ficha

CUARTETO QUIROGA

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Festival Raíces Málaga. Cuarteto Quiroga: Aitor Hevia, violín I; Cibrán Sierra, violín II; Josep Puchades, viola; Helena Poggio, violonchelo.

Programa: Cuarteto en sol mayor Op.3 nº5 de Canales, Cuarteto nº16 en mi bemol mayor de Mozart; Cuarteto nº15 en la menor Op.132 de Beethoven.

Lugar: Monasterio de San Zoilo de Antequera. Fecha: Jueves 27 de febrero. Aforo: Tres cuartos de entrada.

Organizado por la Asociación Gastroarte, patrocinado por la Fundación Unicaja y con programación musical de Antonio Moral, este jueves 27 se ha inaugurado un nuevo festival en Málaga que trata de aunar gastronomía, patrimonio y música, extraordinariamente integrados en este día fundacional en Antequera. La gastronomía se disfrutó merced a un soberbio menú degustación titulado La cocina del siglo XVII y servido por las manos de Charo Carmona en su restaurante Arte de Cozina; el patrimonio lo puso la iglesia del más antiguo monasterio de Antequera, San Zoilo (1515); la música, uno de los grandes conjuntos españoles de cámara, el Cuarteto Quiroga.

El conjunto madrileño se mostró pletórico en un programa del más puro Clasicismo. Poner al toledano Manuel Canales al lado de dos gigantes como Mozart y Beethoven puede parecer un atrevimiento, incluso una crueldad, pero en realidad es sólo una forma de hacer justicia a un compositor muchos menos conocido y valorado de lo que su música merece. El Op.3 nº5 es un cuarteto que está sin complejos en la estela de los vieneses, una obra que apunta al universo del divertimento dieciochesco y que lo hace con las mejores armas: fácil melodismo, tratamiento dialógico de los cuatro instrumentos, sutileza modulatoria. El Quiroga mostró ya aquí una de sus señas de identidad: la perfecta cohesión sonora, una asombrosa unidad tímbrica que no anula la individualidad. Con acentos afilados, una notable intensidad en los ataques y un uso puramente ornamental del vibrato, hicieron de Canales un compositor vivaz y atrevido, ligero si se quiere, pero en absoluto frívolo ni insustancial.

Mozart es siempre demasiado grande comparado con cualquiera, y si se habla de uno de los cuartetos dedicados a Haydn son ya palabras mayores. El Quiroga lo afrontó partiendo del mismo tipo de sonido que en Canales, aunque ahora pareció que las texturas se hacían aún más claras: la transparencia en el Andante fue absoluta. En mi opinión ese segundo movimiento fue el más formidable de la obra, también por la forma minuciosa en que contrastaron las dinámicas en progresiones que parecían infinitas. También merecen ser destacados los pasajes embellecidos por el violín de Hevia o los breves apuntes solistas de Puchades y Poggia en el primer movimiento.

En el Op.132 de Beethoven la cosa cambió: el sonido del Quiroga se hizo más denso y dramático, como si las notas pesaran más, aunque el grupo siguió evitando el vibrato estructural y apostando por un fraseo ágil y unos acentos poderosos. El Scherzo es una especie de danza bizarra, muy singular, en la que pudo más la gracia que la oscuridad (que también la hay). Esa imitación de los instrumentos rústicos que los dos violines hacen en el trío causó un efecto sensacional de contraste. La inefable Canzona di ringraziamento fue dicha con una delicadeza y una hondura de altísima emotividad. Luego, el cuarteto se lanza, a través del liviano respiro del Alla marcia, a un final apasionado en el que, sin descomponerse en ningún momento, el conjunto logró una intensidad tan formidable y tan devastadora que ni la dulzura del coral bachiano de la propina pudo compensar.

El Festival se traslada este viernes 28 a Málaga donde seguirán los conciertos por algunos espacios emblemáticos de la capital (y una nueva cita gastronómica) hasta el próximo domingo.

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