Javier Sánchez Menéndez

Cambiar el mundo

Los afanes

19 de septiembre 2019 - 01:42

Está claro que el mundo no se puede cambiar. Pero tal vez podamos intentar modificar la forma en la que nosotros estamos en el mundo: nuestro comportamiento, nuestras actitudes, nuestros deseos, nuestras voluntades. Hay que disponer de un poco de voluntad y algo de entendimiento, y no dejarse llevar ni arrastrar por los nuevos intelectuales que mienten más que hablan. Recuerdo la máxima de Schlegel: "Donde hay política o economía, no hay moral". Y podríamos añadir, donde hay teóricos, tampoco.

Los teóricos han encontrado un filón en nuestra ignorancia, y teorizar como lo hacen ellos es un error, ya que solo un pequeño, insignificante diría, grupo de seres humanos son capaces no ya de asimilar esas teorías, sino incluso de leerlas. Hay teóricos que defienden el progresismo, otros elevan a la máxima el hecho de ser conservador. Una y otra teoría son una sarta de imbecilidades para justificar lo injustificable. La teoría no es posible aplicarla en nuestra sociedad. Si ya es complicado dar ejemplo con hechos, utilizar la teoría para manifestar una serie de principios o planteamientos de base es un error. Y es un error, recordando a Schlegel, porque es preciso "la confianza, la humildad, la devoción, la serenidad, la fidelidad, la vergüenza o la gratitud". La sonrisa se ha convertido en aliado de los ignorantes y la sonrisa debe ser un bien gratuito propio de todos los individuos. El ser humano debe defenderse a sí mismo de la contaminación teórica, de la cantidad de estupideces que se escriben y se difunden. De las inútiles conferencias que imparten los divulgadores de la mentira. De las falacias de los progresistas y de los conservadores. Estos nuevos intelectuales de la memez solo nos acercan al vacío, y el vacío es nada. Nos dejó Cervantes en El Quijote: "Pero no tienen ellos la culpa, sino los simples que los alaban y las bobas que los creen".

En el libro de Bernard Berenson Ver y saber nos indica: "Los descubrimientos o reflexiones que cabe hacer sobre cualquier tema de interés no acaban nunca. Todo tema serio es inagotable". Pero todo tema serio, tan solo aquellos asuntos que lo merecen. Teorizar por teorizar para ganarse un puesto como intelectual del reino es una necedad.

Escribía Schlegel, completo la cita anterior: "El amor original jamás aparece en estado puro, sino siempre bajo múltiples ropajes y formas, como la confianza, la humildad, la devoción, la serenidad, la fidelidad, la vergüenza o la gratitud; pero, sobre todo, como anhelo y silenciosa melancolía".

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