Javier Sánchez Menéndez

'Patria'

Los afanes

15 de septiembre 2016 - 01:00

LA nueva novela de Fernando Aramburu se titula Patria (Tusquets, 2016). Aramburu (San Sebastián, 1959) lleva 30 años viviendo en Alemani, y ha comentado con ocasión de esta publicación que le habría gustado no escribir esta obra. Siempre se ha caracterizado por ser un hombre libre, de ideales, de principios. La novela comienza con el alto el fuego decretado por la banda terrorista, aunque sus personajes, sus historias, caminan entre el pasado y el presente, lo que ocurrió y lo que podría haber ocurrido.

Hay que destacar a cada uno de los personajes de la obra, sus diferencias y sus afinidades. A veces es tan solo un hilo aquello que separa las diferencias, un hilo erróneo y mal interpretado, un hilo que se va haciendo madeja en la medida que avanzan las páginas. Patria resume la vida de dos familias de un pueblo de Guipúzcoa durante más de treinta años en el País Vasco. Dos familias diferentes. Una próspera y la otra humilde. En ambas la desgracia es un hecho, una desgracia real o de valores. Aramburu ha sabido enseñarnos, con sus personajes, el poder matriarcal, el sacerdocio, la sociedad vasca, la realidad del terrorismo visto como una crisis de valores y una crisis de la unidad familiar.

Como indicaba antes, el libro se centra más en los personajes que en el trasfondo político. La grandeza de la obra es que logramos comprender, llegamos a la conclusión, gracias a su maestría en el lenguaje, que leemos una experiencia, un cúmulo de experiencias que nunca pasan desapercibidas. Patria es un reflejo en ficción de una parte de la historia de España, una historia que no debemos olvidar, pero que tampoco puede convertirse en obsesión. Por ello Aramburu finaliza la novela con la única manera posible, con la que espera el lector, con el final que España necesitaba y necesita.

Aramburu respondía a las preguntas de un periodista recientemente. Le indicó: "Ha habido momentos difíciles durante el trabajo de escritura, yo mismo me emocionaba. Pero no soy un pianista que actúe en público. Puedo parar, puedo corregir, puedo volver a empezar... Por otro lado, lo que el autor pueda sentir no es pertinente. Lo pertinente es que surja una historia significativa para aquellos que la van a leer. El trabajo literario no lo puedo supeditar a mis opiniones, porque mis opiniones son lo más superficial que hay en mí. Con opiniones y con teorías no se puede hacer una novela. Simplificas la realidad, desvirtúas el resultado".

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