Javier Sánchez Menéndez

Septiembre

Los afanes

Seguimos igual que antes, más cansados y con algo más de miedo. Siguen destrozando nuestra paz con las mentiras

10 de septiembre 2020 - 01:30

Este mes de septiembre no parece septiembre. Es como si este mes le hubiera robado a abril su calificativo de cruel. Cuesta ponerse al día porque el día no ha regresado. Decía Modigliani que trabajar era "dedicarme con fe -cabeza y cuerpo- a organizar y elaborar cada sensación, cada una de las ideas que he ido reuniendo en esta paz, como en un jardín místico". Pero la paz no ha regresado. Los insultos y los lamentables discursos de nuestros representantes en la apertura del curso político nos han vuelto a llevar a la normalidad, a la realidad menos pura y bella.

Seguimos igual que antes, más cansados y con algo más de miedo. Los medios siguen empeñados en destrozar nuestra paz con las mentiras. Es como si estuvieran alentando lo satánico, y ya bastante satánico es el mundo sin que nadie lo venda. El asteroide más grande ya ha chocado contra la tierra, lo ha hecho sobre nuestras cabezas. Deberíamos de leer más los Sermones del Maestro Eckhart. Era otro tiempo, sí, pero parece que vivimos en su mismo tiempo, la única diferencia es la existencia de internet.

El concepto de valor y de esfuerzo se ha perdido. Nos limitamos a aplaudir a las hordas en vez de seguir a las flores radiantes. Y así la belleza, la bondad, la libertad desaparecen. Todos esperábamos la plenitud, pero pasó de largo, hemos tensado el arco tanto que se ha hecho añicos. La libertad, que solo se da en el menor mal posible de la democracia, se gana día a día, como la propia democracia. Y el día que la das por supuesta la has perdido. ¡Qué sabia es la libertad!

En el fondo lo que necesitamos todos es una buena dosis de salud mental, pero se secan los jardines. Tan solo hay agua para los políticos, ni siquiera para sus palmeros, aunque ellos seguirán aplaudiendo en la más absoluta hostilidad. Ahora nos gobiernan los cerdos de la granja y su tono encendido. Ha desaparecido la plenitud. Como escribió una vez Modigliani: "La felicidad es un ángel de semblante grave". De apariencia, solo de apariencia. Decía Cervantes en El Quijote: "El agradecimiento que sólo consiste en el deseo es cosa muerta, como es muerta la fe sin obras".

Soñemos, no dejemos de soñar con esa libertad y esa felicidad reales. Soñar es el merecido intento de alcanzar nuestra propia voluntad. Pero sin olvidar, como dijo Homero, que el sueño es el hermano de la muerte. Nunca nada fue tan bello en septiembre, a pesar de este septiembre. Porque donde reina la envidia no puede vivir la virtud. Esto último creo que también es de Cervantes.

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