Cantos de sirena

02 de abril 2025 - 03:04

Las guerras que vemos a nuestro alrededor empiezan siempre con cantos de sirena. Empezamos a disparar para defender “nuestros valores democráticos”, o para evitar la vulneración de tal o cual derecho. Todo muy teatral. Con Ucrania pretendíamos defender la democracia, a Israel le seguimos vendiendo armamento para que se defiendan contra el terrorismo. Pretendemos, desde la atalaya de Occidente, que Maduro deje de someter a su gente en Venezuela. Trump dice que quiere controlar Groenlandia para garantizar la seguridad.

Luego, conforme avanzan los conflictos, se van cayendo las máscaras. Y nos vamos enterando, si ponemos un mínimo interés, de que el “régimen” en Venezuela es tan “régimen” como el de Haití, o Panamá, pero con una diferencia sútil: allí hay petróleo, mucho. Ahora, en Ucrania, aparecen los metales raros como eje en las negociaciones de paz. Descontando lo amortizado que ya está el conflicto por fondos de inversión como Black Rock, que llevan mangoneando con las tierras fértiles desde hace años. Putin quiere controlar el Dombas por las mismas razones crematísticas: la riqueza del subsuelo y su situación geoestratégica.

A Trump, como es tan ocurrente, ya se le escapó aquello de hacer un resort de lujo una vez expulsados los palestinos de su tierra. Todo bien. Y lo de Groenlandia es la misma chufla: allí se encuentran ingentes cantidades de Uranio y otros metales imprescindibles para fabricar tecnología. Resumiendo: cuando hablan de la patria, de la seguridad, de la democracia… lo que ellos están queriendo decir es negocio, negocio, negocio.

Es posible que, de todas formas, terminemos yendo a la guerra. O recogiendo, en algún aeropuerto militar, el ataúd con los restos mortales de un familiar. Pero al menos, cuando la muerte venga a visitarnos, que no seamos tan ingenuos de pensar que defendíamos tal o cual democracia, tal o cual esquema de valores. Los cantos de sirena son poderosos, pero ya sabemos cómo funciona esto. Nos dicen que el rearme de Europa es imprescindible, pero no nos dicen para qué es imprescindible: para seguir haciendo negocios fabulosos, para que un puñado de empresas y empresarios se hagan aún más indecentemente ricos de lo que ya son.

Sabemos lo que hay que hacer ante los cantos de sirena. Y sin aún así queremos saltar ingenuamente al agua, por favor, no lloriqueemos luego.

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