Mambrú se fue a la guerra

"Habrá que ir ensayando, porque he leído que entre las tierras raras, los drones y el hidrógeno verde, resulta que Huelva va a ser el primer sitio que querrán conquistar los rusos"

Mabrú se fue a la guerra
Mabrú se fue a la guerra

02 de abril 2025 - 03:05

Soy un inútil. No lo digo yo. Lo dice el Estado. Es una cosa oficial, vaya. Está escrito de puño y letra del sargento, el coronel, el cabo o quien quiera que fuera el tipo que escribía lo de “Inútil” en las cartillas, que no es algo que a mí me doliera especialmente, pero también es verdad que podrían haber tenido más tacto, que la lengua española es muy rica y da para poner cosas menos dolorosas para según qué espíritus. “No apto”, por ejemplo, o “No vale”, “Incapacitado para esto en concreto”… no sé… cualquier palabreja que, a ser posible, no nos insultara a los inútiles de esa manera.

Soy un inútil, les decía, o así constaba en el papel que me libró de la mili en su día y, supongo, de las guerras venideras. Por eso, precisamente, llevo una semana dándole vueltas al altillo buscando mi cartilla militar, que espero que me sirva como salvoconducto si al final nos metemos en guerra y me llaman a filas, que si uno es inútil una vez, lo es para toda la vida, digo yo, o si no, no haberme insultao. Yo, desde luego, me pienso poner todo lo tiquismiquis que haga falta con ese tema, por mucho ruso que nos amenace y mucha Von der Leyen que nos acojone, que la UE va tan en serio con el tema que hasta nos han hecho una lista de lo que hay que meter en la mochila si queremos sobrevivir cuando empiece el petardeo. Un kit de guerra, dicen, con su botellita agua, sus albóndigas de lata, su radio de manivela, su linterna de dinamo, sus pilas (no sé muy bien para qué), una mantita para el frío, las pastillas de la tensión —cada cual que lleve las suyas, pero las mías son las de la tensión— y un silbato que a mí, la verdad, no se me ocurre en qué puede ayudarme si nos metemos en un fregao de esos, salvo que nos venga bien para la batucada de protesta con la que, seguro, salvaremos el mundo los de occidente, que ya me estoy viendo a más de un peliculero tocando el pito delante de un tanque ruso.

De fusiles, pistolas, granadas, machetes y demás, la lista no dice ni mu. Supongo que es porque, como somos europeos y civilizados, nosotros no disparamos ni herimos ni mucho menos matamos a nadie. Mejor para mí, porque como no hice la mili, no he tocado un Cetme en mi vida y no sabría por dónde empezar ni creo que haya tutoriales en Youtube. Tampoco me sé las coplillas que se cantan de camino al frente. Quitando Mambrú se fue a la guerra, con la que bailaba de chico, y Madre anoche en las trincheras, con la que ligaba de joven, poca cosa bélica más conozco. Habrá que ir ensayando, porque he leído que entre las tierras raras, los drones y el hidrógeno verde, resulta que Huelva va a ser el primer sitio que querrán conquistar los rusos. Lo que no sé es cómo van a llegar, porque en tren supongo que ni se les ocurrirá, y tal y como está la A-49, cuando lleguen los tanques a la avenida de Andalucía no les queda ni una rueda viva.

Quizás, ahora que caigo, eso de tenernos abandonados durante décadas con infraestructuras tercermundistas era por esto. A lo mejor, oigan, todo ha sido premeditado, ¿lo entienden? Para evitar así la invasión rusa de Huelva. Geoestrategia pura. Lo que no sé es a cuento de qué viene ahora el ministro este, el Óscar Puente, a meter prisa con el AVE. ¿Qué es lo que quiere, ministro? ¿Que perdamos la guerra?

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