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En tránsito
Eduardo Jordá
Postal en el buzón
En tránsito
El otro día me llegó una postal al buzón. Era de un amigo al que hace siglos que no veo: compartimos una buena parte de nuestra juventud, pero luego desapareció sin dejar rastro. Le gustaba el blues, el cine, la marihuana. Leía a Nietzsche y a Stephen King. Y tenía una memoria prodigiosa (le llamábamos Funes el Memorioso). Un buen día nos llegaron vagos rumores de que vivía en una comunidad religiosa, tal vez en la Coruña o en Asturias. Pero alguien descubrió que la comunidad estaba realmente en Zaragoza. Y sí, tenía que ser Zaragoza, porque la postal venía de allí, y traía en la cara una foto de la Plaza de la Independencia. Mi amigo comentaba orgulloso: “Es bonita, ¿no?”. ¿Cómo había descubierto dónde vivía yo? ¿Y por qué me había enviado la postal? Ah, eso no lo decía.
Al ver la postal en el buzón, de pronto descubrí que hay gente que todavía se empeña en vivir su vida como si el tiempo hubiera dejado de correr. Gente que se niega a aceptar la tiranía de los nuevos tiempos. Gente que, por ejemplo, envía postales, como aquel amigo que había desaparecido. O gente que escribe sonetos. O gente que sólo va a las barberías donde cuelga un cilindro tricolor (rojo, azul y rojo). O gente que usa el Windows XP cuando ya prácticamente ningún ordenador reconoce el Windows XP. ¿Es por lealtad al pasado? ¿Por tozudez? ¿Por incapacidad de cambiar de costumbres? Cualquiera sabe. Pero a uno le alegra saber que hay gente así.
Cuando el mundo se vuelve loco, es un consuelo saber que hay gente que guarda en su casa la colección completa en vídeo de los Teletubbies. O que camina por la calle cogida de la mano (hay bastantes parejas de chicas y muy pocas de heteros, por cierto). O que lleva las llaves de su casa en un llavero colgado de la trabilla del pantalón. O que compra el periódico y lo lee en el café mientras desayuna. O que lee poesía en el autobús. O conduce un Seat 600 (el otro día vi uno con matrícula de Córdoba). O que empuja un cochecito de bebé. O que va al zapatero a ponerles medias suelas a los zapatos. O que va caminando por la calle y de pronto se para, saca una libretita y apunta a toda prisa una frase a lápiz. O que compra la ropa en Modas Loli. O que pasea muy despacio con las manos a la espalda. O que columpia a sus hijos en un parque. O que toma fotos de las nubes. O que escucha boleros por los auriculares. Sí, gente así. Bendita sea.
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