Javier Sánchez Menéndez

De predicciones y etiquetas

Los afanes

05 de mayo 2016 - 01:00

MATT Groening, el creador de los Simpson, tiene algo de brujo. Predijo en su famosa serie unos acontecimientos que se cumplieron años después. Por ejemplo, el iPhone con autocorrector, los papeles de Panamá, la epidemia de Ébola de 2014, la fecha de los atentados del 11 de septiembre, la candidatura de Donald Trump, el Boson de Higgs… Podíamos seguir enumerando cuestiones más o menos históricas a modo de anécdota o de realidad. Pero lo cierto es que hasta una década antes de que ocurrieran, en la serie de los personajes amarillos habían aparecido.

En esta primavera ya han comenzado muchas ferias de libros, incluso hay algunas que han concluido. Las ferias de libros sirven para descubrir el pulso o la capacidad intelectual de un país, sus etiquetas. En el fondo, también son predicciones, aunque estas se ven venir.

Si damos una vuelta por las casetas de las librerías siempre encontramos lo mismo. Grandes tochos, best sellers repetidos que cada vez son más grandes y menos literarios. Sus autores son las estrellas fugaces de un firmamento que nunca brilla, solos y artificialmente, iluminan los rostros de los seguidores para que dentro de unos años sus obras acaben en la estantería del salón recubierto de un polvo duradero y pegajoso. Es la basura literaria.

Nuestra literatura está llena de etiquetas, pongamos el ejemplo de la poesía. Hoy día se denomina vanguardista al poeta que no sabe escribir, los críticos utilizan el término vanguardista con mucho honor, aunque erróneamente. ¿Es Marwan un vanguardista? Bueno, eso lo decidirán los críticos, que para eso están, aunque sirvan de poco.

Las etiquetas de nuestra poesía se han reducido en los últimos años, pero, como decía antes, existen en demasía y de manera errónea. Hay tantas etiquetas como antologías de poetas. Ya hay más antologías que poetas. Antes había más poetas que lectores. ¿Ustedes entienden algo? A uno le entran ganas de tomar un best seller de los que se venden al peso. Aunque siempre que lo hago no logro pasar de la página 10.

Si a usted le gusta la poesía, si usted lee poesía habitualmente, prosiga en su empeño. Sea fiel a sus principios y no se fíe de lo que diga nadie (en el fondo los críticos son nadie). Son los lectores los únicos que deciden, los únicos que compran, los únicos que, con el paso del tiempo, marcarán la historia de nuestra literatura.

Todo esto que está pasando ahora con la poesía ya lo dijo alguien hace muchas décadas, se vuelve a repetir como una predicción. Pero el tiempo siempre pone a cada uno en su sitio, en el único lugar que le corresponde.

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