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Lo único constante es el cambio”. Esta frase, que se atribuye a Heráclito, puede definir de manera bastante precisa lo que, a mi entender, ha sido este primer año como presidente de la Cámara de Cuentas de Andalucía. Mi llegada coincidió con un período de evolución de la institución que transitaba hacia una realidad de un sector público que asume cada vez más compromisos. Y son estos nuevos ámbitos de actuación los que nos obligan, en nuestro papel de instrumentos destinados a mejorar la gestión de lo público, a una permanente actualización tanto de conocimientos como de ámbitos de actuación.
Desde mi toma de posesión me he involucrado en procurar darle a la Cámara el lugar que, entiendo, le corresponde dentro del entramado institucional de nuestra Comunidad. Una de las principales ideas que hemos querido trasladar en este año ha sido la de que nuestra institución no debe ser temida, debe ser respetada por sus aportaciones y por sus recomendaciones. Sin perjuicio de que, a través de los informes que elabora la Cámara, se pongan de manifiesto todas las irregularidades que podamos detectar o de que se efectúen las denuncias que haya que hacer, el control debe entenderse, ante todo, como un instrumento dirigido a perfeccionar la convivencia y el progreso, y, en definitiva, a servir al interés general.
Nuestro personal es el pilar de la organización de su trabajo e implicación depende el éxito o fracaso de las metas a alcanzar. Contamos con una plantilla con gran experiencia en el terreno de la fiscalización y con una dedicación digna de todo elogio. A lo largo de los años han desarrollado una gran capacidad de análisis y su trabajo resulta absolutamente impecable. Y todo ello, desarrollando su labor desde la más absoluta independencia, factor clave para la credibilidad de cualquier órgano de control.
Resulta indudable que nos dirigimos de manera imparable hacia un modelo de auditoría digital, lo que supone un proceso de transformación interna sobre los métodos y procesos de trabajo. La forma de auditar y la auditoría en sí misma están evolucionando. El mandato legal, la función fiscalizadora en sus tres vertientes, financiera, de cumplimiento y operativa, sigue siendo la misma, pero la manera de ejecutarlo es lo que se encuentra en un profundo proceso de transformación al que nuestra institución no puede ser ajena.
He comentado, de forma reiterada, que nos preocupa el bajo nivel de rendición de cuentas del sector local andaluz. Para intentar paliar esta preocupante situación, hemos implementado una serie de medidas, como la celebración de reuniones con alcaldes y secretarios de los ayuntamientos andaluces, con el objetivo de debatir y proponer actuaciones que faciliten el cumplimiento de esta obligación. Puedo adelantar que esta iniciativa ha tenido el efecto deseado, que se verá reflejado en los próximos informes que elaboraremos sobre este asunto.
Hemos procurado sentar las bases para establecer una relación de apertura y transparencia informativa con los medios de comunicación e impulsado nuestra presencia en las redes sociales, ya que representan el camino más directo y efectivo para llegar a la opinión pública. Algunas de las actuaciones acometidas en este año para dar visibilidad a nuestra institución han sido la renovación de la imagen institucional, dotándola de una identidad visual contemporánea, sin dejar de lado el fuerte vínculo con sus valores y la región andaluza; o la celebración de reuniones del Pleno en diferentes provincias de nuestra Comunidad. Además, estamos renovando nuestra página web, que es una herramienta fundamental para la comunicación efectiva de nuestra actividad.
Para 2025 queremos continuar avanzando y para ello debemos ofrecer la seguridad de que la Cámara se propone un seguimiento completo de la gestión de los fondos públicos de Andalucía, de manera que todas las administraciones y entidades que componen el sector público de esta Comunidad Autónoma queden realmente comprendidas en nuestros trabajos de fiscalización.
En definitiva, la Cámara se encuentra inmersa en un proceso de evolución y transformación, en el que entendemos que la aplicación de la inteligencia artificial va a resultar de vital importancia, cuyo objetivo final no es otro que identificar áreas de mejora en la gestión pública, corregir posibles desviaciones, fortalecer la rendición de cuentas, y ofrecer alternativas útiles que ayuden en la mejora de la administración.
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