Francisco Domínguez Cruzado: Paco 'el de la matrona'

Gente de aquí y de allá

Conocí al bueno de Paco al poco de llegar a trabajar como perito al Ayuntamiento de Punta Umbría. Él tenía un camión volquete y nos prestaba sus servicios para trabajar en las vías públicas

Jorge Fernández Varela: Estupendo profesional y empresario

Francisco Domínguez Cruzado, Paco 'el de la matrona'.
Francisco Domínguez Cruzado, Paco 'el de la matrona'. / M.G.

Huelva/Conocí al bueno de Paco al poco de llegar a trabajar como perito al Ayuntamiento de Punta Umbría. Él tenía un camión volquete y nos prestaba sus servicios para trabajar en las vías públicas.

Nació en Moguer en 1944, hijo de Antonio, hombre dedicado al campo; y Antonia, dedicada a sus labores. Desde muy joven lo pusieron a trabajar de carpintero, pero no le gustaba. Cuando terminó su servicio militar, que le tocó hacerlo en aviación, en el cuartel sevillano de Tablada, no tardó en casarse.

Me cuenta como fue el flechazo, que tuvo lugar en Punta Umbría, en un día de baile en el casino de Rosario, a donde fue con una chica moguereña, pero allí vio a otra que le gustó más y a la que le dijo que se quería casar con ella. Así de rápido y tajante. Después de aquel baile él se marchó a terminar la mili y volvió a Punta Umbría para casarse. Alquilaron una casa y formaron una familia. Ella era matrona y se hizo muy conocida en el pueblo porque empezó a asistir a todas las mujeres. Yo tengo muchos amigos que vinieron al mundo de manos de doña Irene la matrona, que llegó a Punta con 17 años desde Orense, donde había nacido. Mientras tanto, Paco se dedicaba a buscar trabajo y probó con varios. Primero montó una tienda de venta de muebles, pero no le fue bien; luego vendió frutas en el mercado, después se compró un taxi, un coche grande marca Dodge Dart con el que sí triunfó porque fue el coche con el que el ayuntamiento hacía sus viajes a Madrid, que en aquella época eran muchos. Me cuenta como anécdota que al alcalde Antonio “el Chinguito” le hacía el nudo de la corbata y se la colocaba él. También me dice que el ayuntamiento tenía con él una gran deuda, pero que nunca le preocupó porque sabía que le pagaría. Pero llegó un día que se cansó del taxi porque, según dice, no era vida, estaba siempre viajando y no veía a su esposa ni a su hija recién nacida, así que se compró un camión, que fue con el que yo le conocí y además le encargaba múltiples trabajos.

Su hija le dio un nieto que él llevaba grabado en el frontal del camión: “Mi Ricardito”. Y, curiosidades de la vida, casi 20 años después fue alumno mío en la Universidad de Huelva. Hoy mismo lo he visto por la calle y me ha contado todas sus ilusiones ahora que ha terminado su carrera de Ingeniero Industrial. De momento, empieza a dar clases de Matemáticas en el Instituto Saltés de Punta.

Paco se compró otro camión más grande y se asoció con otro buen moguereño, Eleuterio Beltrán, que adquirió una máquina de obras públicas y entre los dos hicieron todos los derribos que por aquel entonces se hacían en el pueblo, que eran muchos porque fue una época de esplendor en el mundillo de la construcción. Pero no solo hicieron derribos, su maquinaria servía para mucho y también hicieron calles, agujeros para piscinas o desmontes.

Estos trabajos ya le permitían descansar y tener sus días libres, que los aprovechaba cuando podía para ir a Moguer a ver a la Virgen de Montemayor, a la velá, a la romería e incluso al fútbol para ver jugar al Moguer, que en aquella época estaba en tercera división. También era socio del equipo de Punta Umbría y del Recreativo, pero dice que con el club de sus amores sufría mucho en la grada. Tanto es así que en una ocasión tuvo que ser atendido por el médico del club, que le dijo que tenía que elegir entre fútbol o salud y tuvo que ser llevado en una ambulancia al hospital. Desde entonces nunca más renovó su carnet de socio. La verdad es que conozco a varias personas, algunos buenos amigos, que viendo algunos partidos de nuestro Recre han sufrido infartos o, al menos, apretones en el pecho. Nuestro Recre es así.

Ahora Paco, conocido en el pueblo como “el de la matrona”, vive jubilado y ya viudo, porque su vida tuvo varios momentos tristes con el fallecimiento de su hija y de su esposa. Menos mal que vive con su nieto Ricardito, que solo le da alegrías; y con sus amigos, entre los que se encuentra Paco Mingorance, con quien se reúne todos los días para hacer tertulia y hablar del Real Madrid, que dice que le da menos disgustos. Paco goza del cariño de todo el pueblo porque es muy buena persona y se lo demuestra todo el mundo cuando sale a pasear diariamente y yo soy testigo

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